El tetracampeón del mundo conquistó su segunda victoria en la temporada 2025. Carlos Sainz logró sumar puntos valiosos, mientras Fernando Alonso volvió a ser víctima de los caprichos del destino.
Dos triunfos en siete fechas no constituyen el panorama soñado para Max Verstappen. Sin embargo, el neerlandés celebró con determinación su conquista en Imola. Consciente de las limitaciones estructurales de su Red Bull y del aplomo que exhibe McLaren esta campaña, supo aprovechar el desconcierto puntual del equipo británico en la primera cita italiana del calendario. Ahora, Max se encuentra a menos de una carrera de distancia del líder del campeonato, Oscar Piastri.
Una maniobra que roza la obra de arte
El adelantamiento exterior de Verstappen en la salida, desde un ángulo improbable, merece un lugar en los anales del automovilismo. Piastri, sorprendido, cedió el espacio sin oponer resistencia. El australiano, quizás distraído por Russell, enfocó mal su defensa y descuidó al verdadero contendiente: el Red Bull número 1.
Detrás de ellos, Alonso y Sainz conservaron sus posiciones iniciales —quinta y sexta respectivamente— mientras Leclerc y Hamilton protagonizaban una lucha paralela que rozó el drama ante la mirada de los tifosi. El británico, junto con Kimi Antonelli, optó por los neumáticos duros desde el arranque, una estrategia alternativa que, con el paso de las vueltas, les favoreció significativamente. En especial al heptacampeón.
Imola ofreció una carrera más intensa de lo habitual
La prueba no dio respiro. Las primeras paradas llegaron con premura, provocadas por una degradación inesperada de los compuestos. Ferrari, con Leclerc, fue el primero en dar el paso. El SF-25, discreto el sábado, mostró un ritmo alentador en domingo. Gracias a un undercut quirúrgico, el monegasco pasó de la medianía al umbral del podio, reanimando a la afición local.

Sin embargo, la sorpresa mayor se gestó en la cabeza. McLaren, ansioso por recuperar el liderato, ordenó el ingreso anticipado de Piastri. Cambió sus medios por duros demasiado pronto y lo envió directo al tráfico del pelotón. En Red Bull, mientras tanto, saboreaban el aire limpio. Verstappen y Norris gozaban de pista libre, y el británico firmaba otra maniobra por el exterior, esta vez sobre Russell.
El de Mercedes, además, acusó problemas de dirección, lo cual lo vulneró frente a Carlos Sainz. El español de Ferrari no desaprovechó. Mientras tanto, el Williams de Alex Albon superaba con solvencia a Alonso, señalando la notable evolución del FW47. Lo visto en Miami no fue un espejismo.
El VSC y el Safety Car alteraron el curso del GP

La séptima cita del año viró radicalmente cuando el Haas de Esteban Ocon se inmovilizó sobre el césped del trazado italiano. Dirección de carrera optó por activar el Virtual Safety Car. Una jugada que redistribuyó las cartas: Verstappen, Albon, Hamilton y Hadjar fueron los beneficiados, mientras que Piastri, Leclerc y los representantes españoles pagaron el precio. El australiano perdió el liderato, retrocediendo hasta el tercer escalón del podio provisional.
Con este nuevo orden, Ferrari exhibió un ritmo fulgurante, muy superior al del sábado. Incluso Mercedes sucumbió ante los de Maranello. No obstante, el impulso fue efímero. Antonelli quedó detenido en pista, también en el segundo sector. La grúa no pudo intervenir con seguridad y la FIA desplegó el coche de seguridad convencional.
El momento fue determinante para los estrategas. Y McLaren erró gravemente: decidió no hacer entrar a Piastri. El piloto continuó con neumáticos gastados y quedó expuesto. Una oportunidad perdida con consecuencias en la lucha por el campeonato. Leclerc también se vio sin herramientas en la parte final. El desenlace se escribió en las últimas diez vueltas, trepidantes hasta la bandera a cuadros.
Max Verstappen, con temple y eficacia, cruzó primero la línea de meta. Su regreso a la victoria tuvo un sabor estratégico y combativo. No así para Sainz ni Alonso, que salieron de Imola con la frustración de haber merecido más en una carrera marcada por las decisiones desde el muro y la inclemencia del azar.





